El próximo sábado 4 de julio estrena por TVN la serie documental "Mierda mierda, la función debe continuar", ganadora de un Fondo CNTV 2017. En seis capítulos, el equipo  realizador de Inteligencia Colectiva, nos invita a un recorrido de décadas de historia del teatro chileno.

El relato lo construyen los propios protagonistas de esta historia: actores, directores, dramaturgos, escenógrafos, músicos, iluminadores, vestuaristas, diseñadores, críticos e historiadores. También formarán parte del relato espectadores, seguidores y fanáticos del arte de la representación. Sus emociones y vivencias, junto a las de quienes están sobre las tablas y tras bambalinas, tendremos un hilo conductor para pasearnos por parte de nuestra historia reciente.

Imagen foto_00000008Con la periodista Rayén Araya como presentadora y productora ejecutiva, esta producción contó con un equipo técnico y de investigación de más de 25 personas y colaboradores, que durante cerca de dos años, realizaron un verdadero rescate patrimonial con registros inéditos.

Entrevistamos al director y productor ejecutivo de la serie,  Daniel Uribe, quien nos da cuenta de lo que disfrutaremos en cada episodio, sus motivaciones y parte de la historia descubierta.

Das cuenta de más de 200 entrevistas que dieron vida a "Mierda mierda, la función debe continuar, ¿cuánto antes de que el proyecto se concretara comenzaste a realizarlas?

Son dos años de entrevistas. Muchas de ellas extensas y algunas más breves, pero ninguna irrelevante.
Nosotros no nos declaramos expertos en Artes Escénicas, ni en historia del Teatro. Hay grandes investigadores del teatro chileno: María de la Luz Hurtado, Juan Andrés Piña, Eduardo Guerrero, entre otros. Autores que, con el oficio de investigador, han dedicado décadas a buscar y preservar los escasos registros visuales que existen, así como también a testimoniar a través de investigación y entrevistas, el desarrollo de esta actividad. Su trabajo es invaluable.
Nuestro proyecto documental es un ejercicio de memoria. Los actores y actrices, directores y directoras, dramaturgos y dramaturgas, críticos, escenógrafos, músicos y espectadores que entrevistamos, indagaron en sus memorias personales para entregarnos testimonios de alto valor emocional, con detalles que nos sorprendieron, rompiendo mitos y abriendo líneas de investigación que nos gustaría seguir recorriendo. Efectivamente partimos haciendo entrevistas antes de contar con los fondos del CNTV. Todos los entrevistados tuvieron una excelente disposición a participar del proyecto, casi no recibimos negativas y si las hubo, estuvieron bien justificadas.
Nos hubiera gustado contar con aún más voces, pero teníamos que ponernos un límite de acuerdo a los recursos de producción con los que contábamos. No nos cerramos a darle continuidad a algunas historias que apenas son citadas en la serie y que requieren o merecen un trabajo más profundo. Sobre todo el trabajo de compañías históricas y autores que sólo nombramos y merecen cada uno un capítulo o una serie aparte.

Imagen foto_00000002¿Siempre rondó por tu cabeza este proyecto?
En la TV, el cable o en las plataformas de streaming está lleno de productos similares, documentales sobre la historia de Broadway, el retrato de una generación de escritores y varias series sobre cine: cine italiano, norteamericano y el western. En fin, productos culturales altamente atractivos y que tienen muy buena recepción de parte del público, porque todos los contenidos que apelen a la memoria, significan algo para la gente. Más allá de la construcción de los discursos, si estos productos consiguen transmitir el espíritu de una época, valen más que simples biografías.
En mi caso personal, el teatro es parte de mi historia. Mi infancia la pasé en Puerto Montt, donde en plena dictadura tuve la oportunidad de acercarme al teatro. Pude ver varios clásicos gracias al teatro itinerante: Tartufo, La Remolienda. Luego nos vinimos a vivir a Santiago y la única actividad cultural que subsistía, era el teatro.
Yo, como tantos otros, de alguna manera me formé culturalmente viendo teatro. Hay una motivación por revivir el espíritu de aquellos complejos años 80, un ejercicio de nostalgia necesario para entender nuestro tiempo actual, una motivación para volver a revisar un contexto que marcó nuestras vidas. De ahí vino el impulso.
El arte es un reflejo de la sociedad (o al menos así lo era), y el teatro es el arte más arraigado en el ser nacional. Hemos crecido viendo a actores y actrices que con sus personajes nos han marcado. Obras que se constituyeron en grandes hitos de nuestra historia cultural: La Pérgola de las Flores y La Negra Ester son, a buena distancia de quienes los siguen, los productos culturales más taquilleros de nuestra historia. Algo quiere decir eso.
Pese a toda la precariedad en que vive nuestro ambiente teatral, los teatristas han marcado el pulso de nuestra sociedad, adelantándose a los procesos sociales o denunciando lo que está ocurriendo.

Imagen foto_00000006La narrativa audiovisual que tenías originalmente pensada, ¿mutó a medida que avanzó la producción?
No mayormente. Siempre pensamos que tenía que ser una historia coral, centrada en las voces y las miradas de los verdaderos protagonistas, acompañada e ilustrada por archivos en distintos formatos que de ninguna manera podrían reemplazar la experiencia de la sala de teatro, que es única, personal e irrepetible, pero sí acercarla a ese espíritu. Ese fue el mayor desafío.
Creo que conseguimos construir un relato ágil, descriptivo y reflexivo, que da cuenta de la esencia de las distintas décadas que son parte de la serie.

Imagen foto_00000012¿Qué te sorprendió en el camino como realizador?
Muchas cosas. En primer lugar, confirmamos algo que sabíamos: hacer teatro en Chile es casi un milagro. Los realizadores teatrales viven la misma realidad que la mayoría de los artistas en Chile. Personas apasionadas, con una gran vocación, con un profundo sentido social y político.
Preguntamos varias veces cuál sería la palabra que define al teatro chileno y la respuesta más repetida fue: la precariedad. Una precariedad que, sin embargo, se traduce en calidad, en sensibilidad y sobre todo, en necesidad vital. El arte teatral es un apostolado, el resultado de una convicción casi absoluta de parte de quien lo ejerce. Ahí radica el poder del teatro. Los verdaderos artistas son visionarios, son aquellos que pueden ver más allá del presente.
El teatro y la literatura chilena comparten esa característica esencial. Me sorprendió y motivó ver personas con verdadera vocación, actores y actrices octogenarios, en plena vigencia, con proyectos a futuro, interesados en la educación, en la cultura, en el presente. Al mismo tiempo me conmovió la capacidad reflexiva de las nuevas generaciones. Conversar con esos jóvenes realizadores significó para nosotros un verdadero estímulo a nuestra inteligencia y amplió aún más nuestro interés por los proyectos contemporáneos.

Imagen foto_00000009¿Cúal es la cantidad y calidad del registro y los archivos que registran el desarrollo de este arte en nuestro país? ¿Encontraste todo lo que buscabas?

Esta es una pregunta clave. Como dije antes, algunos investigadores, principalmente el trabajo de María de la Luz Hurtado y el equipo de la UC, el centro de documentación de la USACH y de la Universidad de Concepción, han hecho el esfuerzo en recuperar los registros de una historia que por sí misma, no está pensada para ser registrada y sí, para ser vivida.
Pudimos recoger mucho material del trabajo realizado por otros antes que nosotros, pero también fuimos capaces de recabar material inédito. Pequeños registros audiovisuales, fotografías, afiches, recortes de prensa. Intentamos respetar las dimensiones de estos archivos y adaptarlos a un proyecto visual nostálgico, ágil y moderno.
En nuestro país necesitamos poner en perspectiva el valor del archivo de nuestra cultura reciente. Fue muy difícil conseguir grabaciones incluso de años cercanos. Nuevamente volvemos al mismo adjetivo, la precariedad. Si bien es cierto que el teatro es un arte escénico y como tal, sólo se puede experimentar en una sala, no es menos cierto que mantener el registro audiovisual, debería ser una norma impuesta o autoimpuesta por las compañías. Como testimonio y legado para las generaciones futuras.

Imagen foto_00000004Cuéntame de tu equipo de investigación.
Trabajamos con un equipo de periodistas y productores, comandados por Juan Pablo Echenique como Editor Periodístico, entre otras funciones, y Nathalie Lefranc como la Productora General de todo este proyecto. Ellos se encargaron de buscar e indagar en distintos lugares en busca de material de referencia: bibliotecas, archivos personales de muchos actores, archivos de las compañías, registros de los canales de televisión, de productoras, de personas, las universidades de Chile, la UC, la USACH, la UDEC, el Museo de la Memoria y otros.
Un trabajo extenso en el tiempo y muy meticuloso. Si bien la digitalización ha ayudado a reducir los tiempos de búsqueda, me refiero a que Google y Youtube contienen mucho material que antes solo encontrabas en bibliotecas, no es menos cierto, que en esta área aún no hay registros organizados casi de ninguna representación artística.
Aquí quisiera darte algunos ejemplos concretos. En Argentina, los archivos audiovisuales de los canales públicos, son de libre acceso y están en permanente organización. En Francia, hay un centro de documentación audiovisual que considera a los archivos de la escena teatral y esos archivos están indexados en Internet. En Chile, gracias al esfuerzo de las universidades que te mencioné, hemos conseguido preservar una parte del legado de nuestra historia teatral.
Son proyectos de largo aliento, pero fundamentales para la construcción de nuestra identidad como país y como cultura nacional. Hay que apoyar a esos proyectos para que crezcan y se consoliden como instituciones y no tengan que depender exclusivamente de concursos anuales.

¿Algún testimonio que te haya emocionado particularmente?
Varios, muchos en realidad. No solo me emocionaron a mí, también al equipo de grabación. Varios actores que entrevistamos han fallecido recientemente y por coincidencia o por cosas del destino, fueron algunos de los testimonios más emocionantes: Mónica Echeverría, con quien nos reunimos en dos oportunidades, Humberto Duvauchelle y Alejandro Sieveking. Creo que ellos merecen que contemos sus historias completas en otros productos, porque sus vidas fueron extraordinarias y su aporte a la cultura del país, recién ahora ya fallecidos, comenzaremos a valorarlo. Como casi siempre ocurre en Chile, lamentablemente.

Imagen foto_00000003¿Trabajaste con alguna hipótesis que te hayas planteado en el comienzo y se haya caído en el camino?
Nosotros investigamos previamente y básicamente fuimos a constatar las hipótesis ya construidas. Creo que tras recoger los testimonios y revisar mucha bibliografía, lo que cambió nuestro punto de vista, fue ver el valor de las nuevas generaciones, no solo de actores y actrices, también de críticos y dramaturgos y dramaturgas, que por una cuestión generacional, el discurso al comienzo nos pareció distante y terminó siendo de gran valor e interés.
La principal hipótesis al inicio de nuestro trabajo fue constatar el impacto que produjo la dictadura en el teatro chileno y como este se adaptó a la nueva normalidad que significó la transición. El teatro chileno previo al Golpe, se había consolidado como la expresión artística más importante del país. Existían varias compañías independientes consolidadas, los teatros universitarios estaban constituidos por elencos estables de actores y técnicos, la dramaturgia nacional también había alcanzado un gran nivel, el público era considerable. Pero todo eso fue destruido por la dictadura.

Imagen foto_00000010¿Por qué estos contenidos son enriquecedores para la actual pantalla televisiva?

Todos los contenidos que apelen a la memoria son fundamentales, nuestra identidad personal y como nación están construidos en base a lo que otros hicieron antes de nosotros. El valor de la historia radica en conocer en contexto, lo que somos hoy.
El Teatro Chileno es responsable de una buena parte de esa identidad. Piensa que en los años cuarenta, ir al teatro era parte de la formación cultural de un niño, de un joven. Los clásicos del teatro mundial formaban parte del repertorio del ciudadano medio. Luego se sumarían también los clásicos del teatro chileno.
En una entrevista Ramón Griffero, actual director del Teatro Nacional dice: ¨En esa época no existía la privatización de la cultura como política, sino que el Estado era garante del espíritu de un país. La clase media chilena ascendía a través de la cultura¨.
Este 22 de junio se cumplen 79 años de la Fundación del Teatro Nacional, el primer teatro profesional chileno bajo el amparo de Universidad de Chile. Poco tiempo después le seguiría el Teatro de la Universidad Católica. De esa época solo resiste al día de hoy el Teatro Antonio Varas, su director y algunos técnicos estables que se pueden contar con los dedos de las manos. Los elencos estables desaparecieron hace tiempo, la sincronía del repertorio nacional con el repertorio internacional es solo un recuerdo.
Con esto no queremos decir que todo está mal. Hoy en día la diversidad de la escena teatral es la característica. Hay muchas compañías y muchos actores que día a día siguen intentando subsistir en un ambiente de gran precariedad. La puesta en escena, la forma y la discusión sobre los formatos, han desplazado a la frontalidad de los contenidos políticos más explícitos. Hay fondos públicos para la producción que antes no existían, lo que de alguna manera garantiza esa diversidad, pero a nivel institucional todo quedó suspendido en el aire.
Creemos necesario poner en perspectiva lo que fue el teatro chileno antes de Pinochet y las consecuencias culturales del desmantelamiento casi total de la reflexión crítica y el desarrollo artístico. Este hecho fundamental, marcará el desarrollo de toda la actividad cultural de las décadas siguientes.

Imagen foto_00000011Pude ver que uno de tus entrevistados decía que "el teatro siempre ha estado en crisis". Se puede intuir que va a necesitar levantarse de este periodo "encuarentenado" con rapidez. Se ve que ha sido brutalmente golpeado, a pesar de las iniciativas de ver ciertas obras en línea. Tras haber realizado esta serie ¿cuan necesario será para nuestras vidas que el teatro chileno retome de inmediato?
En medio de esta pandemia que nos tiene a todos encerrados en nuestras casas, conectados a distintas pantallas, consumiendo ficción en distintas plataformas, se hace más necesario que nunca reflexionar sobre la experiencia teatral.
El teatro es un arte vivo, que, pese a todo, goza de buena salud. Iniciativas como "Santiago a Mil" han sido determinantes para actualizar y estar al día con el repertorio mundial. Pocos países pueden gozar de la oferta teatral del verano. Podemos ver en vivo lo que antes llegaba con suerte en un video.
Luego de esta pandemia, cuando retomemos la normalidad, habrá que debatir también sobre qué lugar queremos otorgarle como país al arte y la cultura en general. Y al teatro en particular, que ha quedado en total evidencia que sin el apoyo del Estado, apenas puede sobrevivir.

¿Alguna obra que haya 'pasado colada' en nuestro país en cuanto a notoriedad, pero que haya sido profundamente transgresora?
El teatro chileno está plagado de mitos. Alfredo Castro nos contaba como dato anecdótico que "La Manzana de Adán", la primera obra del Teatro de La Memoria, fue vista tal vez, por unas 300 personas en total. Sin embargo, todos dicen haberla visto y sentirse influenciados por esa pieza. Así hay muchos otros hitos, algunos con mucha prensa y polémica como "Prat", de Manuela Infante, donde ocurrió un fenómeno similar: muy pocos espectadores reales, pero una polémica a nivel nacional, donde incluso hubo participación en la defensa de los jóvenes realizadores de una ONG internacional defensora de los DD.HH.
En la serie contamos la historia de varios de esos hitos, en cada capítulo hay algo que sorprende.

¿Consideras que seis capítulos fueron los correctos para contar esta historia?
Podrían haber sido más. Esa cantidad de capítulos está adaptada a las condiciones de producción. Perfectamente podríamos haber duplicado la cantidad de episodios. Pero el recorte actual consigue dar cuenta del contexto de cada época descrita y esperamos que la gente entienda ese contexto, se involucre, reflexione y se entretenga.

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