Enfrentarse a la primera serie médica chilena fue una prueba para los guionistas Enrique Videla y Julio Rojas, a cargo de escribir y reescribir sobre transplantes, crear diálogos y tramas reales entre doctores… Todo sin dejar fuera el complejo mundo interno de cada personaje.

Enrique Videla

¿Tuviste alguna serie médica de referencia al momento de escribir?
Claro, Doctor House es un referente obligado par cualquier serie médica hoy. También revisamos series como E.R, ya que cumplían muy bien con el equilibrio entre la intensidad del drama médico y la intensidad del drama personal de los personajes. La verdad, a lo largo del proceso vimos muchas series del estilo a series completamente distintas en el tono como NipTuck o incluso Grey’s Anathomy.

Además de ser la primera serie médica chilena, ¿cuál será el aporte de Vida por Vida a la pantalla?
La donación de órganos y el sistema de salud en su totalidad son un tema no resuelto en Chile, que tienen un gran impacto y tocan desde cerca un gran temor nacional: La idea de un ser querido que está en riesgo y la impotencia de no poder hacer nada para salvarlo, sólo esperar un intervención externa, sea un médico, un órgano para transplante, o incluso un milagro. Una situación a la que nadie quiere enfrentarse, pero que podría ocurrirle a cualquiera.

¿Cuánto tomó todo el proceso, desde investigar hasta escribir los 12 capítulos?
Desde la preparación del proyecto para el Fondo CNTV, la investigación y la escritura de los guiones, alrededor de un año.

¿Cuál es el tono de la serie?
A lo largo de la serie no sólo vamos viendo a nuestros personajes como médicos y su relación con los pacientes, sino también sus vidas personales, sus familiares, sus frustraciones y sus amores. Si bien la donación de órganos es algo central en la historia; tenemos la oportunidad de ver a los personajes desde la tensión y el suspenso de una operación, hasta los conflictos personales de una relación amorosa.

¿Algún personaje favorito a la hora de escribir?
Personalmente disfruté escribiendo a Pedro Miño, un personaje que lleva muchos años operando en el sistema público: ha sido camillero y arsenalero, hasta ser jefe de enfermeros lo que lo ha transformado en una especie de “maestro chasquilla” capaz de improvisar en situaciones muy adversas.

Julio Rojas

¿Por dónde comenzaste a dar vida a la serie?
Intentamos crear un antagonismo épico de base entre dos médicos (Muñoz y Milostich), con dos formas opuestas de enfrentar a los pacientes y dos puntos de vista irreconciliables, antagonismo clásico. Un médico que actúa por instinto y el otro por el análisis. Uno extrovertido y muy físico y uno introvertido a punto de explotar. Ambos unidos por un gran secreto, por una condena previa. Y los pusimos a trabajar juntos. Ese fue el núcleo de desarrollo que dio forma al resto de las relaciones. Por supuesto que miramos muchas series médicas, pero también sabíamos que queríamos construir algo particularmente realista y chileno, pero con el mismo nervio de las series internacionales. Hay que aclarar que cualquier serie médica es extraordinariamente cara, y no poseíamos los recursos para recrear todo lo que hubiéramos querido, pero creo que conseguimos un equilibrio entre el tema médico y las relaciones interpersonales. Son personajes que no hemos visto antes, que estaban en nuestra mente con mucha claridad porque los trabajamos desde la realidad.

¿Tu trabajo consistió principalmente en la reescritura de los guiones?
Enrique Videla y Vladimir Ordenes habían diseñado las relaciones y escrito varios capítulos. Mi labor fue de conceptualizacion y de story editor con Alberto Geswein (Canal 13). Sobre la reescritura fue orientada más que todo a los movimientos médicos y la vida hospitalaria. Le dimos más énfasis al mundo intrahospitalario que a la vida de los pacientes. Eso nos permitió trabajar más fuertemente las tensiones del equipo médico, tanto laborales como afectivas, más que simplemente conectar donantes con receptores. Yo había trabajado por mi otra profesión (Odontólogo) en ambientes hospitalarios y de urgencia, y algo de ese espíritu intenté impregnar en la serie. Tuvimos un asesor médico, experto en trasplantes en la corrección de guiones y se hizo responsable de la nomenclatura y los protocolos médicos y también estuvo en el set cuidando el realismo de las intervenciones.

¿Con qué crees que “Vida por Vida” atrapará a la audiencia?
El gran gancho son las relaciones al interior del equipo. Están intentando salvar vidas y que la gente done órganos con un gran contra-reloj, con fracasos y victorias, pero eso es sólo el telón de sus fracturadas vidas personales. Todos ellos tienen un secreto y están de alguna manera pagando con sus vidas personales, la vida de los otros. Es un intercambio: mi vida personal, con todo lo que eso significa, por la vida de los pacientes. Es la máxima expresión del servicio, de la entrega, pero con el atractivo de que están cruzados por grandes pasiones y dilemas.

¿Tienes algún personaje favorito con que hayas disfrutado particularmente escribiendo?
El personaje que interpreta Daniel Muñoz, el Dr. Samuel Vásquez , fue súper interesante de crear porque es alguien muy introvertido, casi con algún grado de autismo, muy desconectado de las emociones y que se ve obligado por las circunstancias a trabajar en el lugar que es el centro y origen de su perfil de personalidad. Y deberá enfrentar lo que ha tratado de evadir todo el tiempo. Pero todos están espléndidos. El Dr. Mackenna, Julio Milostich uno lo ve, y como se mueve en el ámbito de urgencias, cómo habla y cómo trata a sus pacientes, es un médico real de urgencias, y Celine Reymond como cirujana está espléndida. Qué decir de Tamara Acosta, un poco el centro de la serie, con una interpretación fuera de serie de una enfermera procuradora de órganos. También esta Alejandro Trejo, un auxiliar paramédico sorprendente y el gran padre del equipo, Sergio Hernández, el Dr. Montes, que en la historia participó en el primer trasplante de corazón con Kaplán el ’68, y es un comprometido con el trasplante.